- Hola. ¿Cómo estás?
- Hola. ¿Cómo estoy? Pues la verdad, he tenido días mejores, pero llevo una mala racha, y hoy ya no puedo más... ¡Cuánto tiempo sin hablar contigo ¿no?!
- Sí, la verdad hacía tiempo que no charlábamos, pero no ha sido mi culpa... La que no ha querido pensar eres tú, yo siempre estoy aquí. Supongo que tenías otras cosas que hacer en vez de pensar...
- Es que no he tenido ni tiempo, ni ganas de pararme a pensar en todo esto...
- ¿Por qué?
- Supongo que creía que todo iba a salir bien, que por una vez iba a funcionar, aunque fuera un poca más, o al menos que no se iba acabar así... de un día para el otro
- ¿Y por qué lo haces hoy?
- Ya te lo he dicho, no puedo más. Creo que necesito pensar, analizar lo bueno lo malo, y decidir qué hago.
- Creo que ya sé a lo que te refieres...
- ¿Cómo no lo vas a saber? Si siempre estás ahí, como tu dices. Lo que pasa es que no te he querido escuchar. Por un tiempo he actuado sin pensar en lo que iba a venir, por una vez he seguido mis impulsos, creyendo que tenía que disfrutar el presente y no pedir nada más...
- ¿Y ahora?
- ¿Ahora?.... ahora, creo que me precipité, que tenía que haber ido más lenta, vigilar mis pasos, haber pensado antes de actuar, haber consultado mis decisiones contigo...
- Bueno, dejémonos de reproches. ¿Cómo lo llevas?
- Mal, jamás creí que si esto se acababa, yo iba a estar así. No pasa ni una sola hora en que no lo recuerde, en que me pregunte porqué, si se va a arreglar, si merece la pena que se arregle...es que lo último que ha pasado, me ha dolido tanto...
- ¿Qué esperabas? Ya tendrías que saber que las cosas así no suelen acabar bien.
- Gracias por tu apoyo...
- Eis, eres tú la que querías hablar.
- Ya lo sé.
- ¿Qué piensas hacer?
- No lo sé.
- ¡¿Cómo que no sabes qué hacer?!
- Cabeza y corazón se contradicen... tú dices “fin”, y el corazón dice “seguir”, perdonar, y ver como salen las cosas a su modo.
- ¿Podrás perdonarlo, tú? Con lo rencorosa que eres... y además, ¿piensas adaptarte siempre a lo que quiera él? Así las cosas no funcionan. En todo caso, y aunque lo perdonaras, sabes que las cosas no se olvidan, siempre quedan ahí, por mucho que pase el tiempo... nadie como tú para saber eso.
- Y ¿qué hago?
- Olvidarlo, y cambiar de página... simple.
- Pero si acabas de decir que nunca se olvida... además estoy tan cansada de cerrar etapas de mi vida, de empezar nuevas páginas que intento llenar de felicidad pero siempre acaban teniendo algo malo...
- ¿No pretenderás que todo salga bien? Nadie tiene esa suerte. En toda vida hay cosas buenas y malas. No eres la primera que se estampa, a la que le sale esto mal. Nadie dijo que esto fuera cosa fácil.
- Yo no he dicho nunca que fuera fácil...
- Pero te gustaría. Ya sabes lo que opino: olvida.
- No puedo.
- No puedes o ¿no quieres?
- Y a ti, que más te da. Tú estás para ayudarme en los pensamientos, de los sentimientos se encarga otro.
- ¿Sentimientos? ¿Lo quieres?
- Yo no he dicho eso.
- Niégalo si quieres. A mí, eso no me influye. Le influye a tu corazón, que por cierto creo que es con quien tendrías que estar hablando, ¿por qué has acudido a mí en vez de a él?
- Porque está curándose, y además siempre hace que me deje llevar por mis impulsos, y quería hablar con alguien que me hablara con sinceridad y con frialdad, pero parece que no sirve de nada...
- ¿Estás insinuando que no soy una buena ayuda?
- Lo único que me dices es que olvide, y yo te digo que no puedo, y tú me dices que lo quiero y que me vaya a hablar con el otro...
- Si crees eso, mejor que me vaya.
- Sí, mejor vete!
- Ya sabes lo que tienes que hacer para que me vaya...
- Ya lo sé tranquila... Sólo tengo que dejar de pensar.